lunes, 11 de febrero de 2008

Un poco de moda

Se acerca el día de los enamorados, esa fiesta que destila un tufillo rancio que no se va ni después de cientos de lavados. Brausen la va a celebrar en el bingo, un lugar muy acorde al espíritu de esta celebración, menú barato y ganancia segura, siempre y cuado se cumpla el dicho popular...

Cuando era pequeño había muchas cosas claras, que eran así por necesidad imperiosa e indiscutible. Los lunes se merendaba pan con chocolate y el sábado podía tomar un vaso de coca cola, solo esos días y como excepción a una semana exenta de cacao y cafeína.
Otra de las cosas impepinables era el calzado, a principio de curso mi madre me compraba unos kickers y yo iba todos los días con ellos al colegio. Realmente eran unos zapatos maravillosos porque resistían todo el año, ya jugase al fútbol con ellos, hiciese alpinismo o me liase a piñas con mis compañeros de clase. Había que comprar otros porque me crecía el pie, no porque se rompiensen.
Si llovía, había llovido o cabía la más mínima posibilidad de chubasco aparecían, salvadoras, las botas catiuscas (parece que también se acepta Katiuska). Yo creo que las he tenido de todos los colores y cuanto más llamativos mejor. Si al despertarnos estaba chispeando, la clase parecía un grupo de pequeños poceros, todos con las botas de marras correteando y saltando frenéticos sobre los charcos, ya que al llevar ese impermeable y acorazado calzado teníamos vía libre para ello.
Cuando había clase de gimnasia había que llevar "playeras", yo me las tenía que poner y quitar justo antes de la clase porque decía mi madre que deformaban el pie. Por supuesto eran: Yumas, Paredes o alguna marca similar, toda la clase se quedaba mirando pasmada cuando aparecía algún compañero con unas Adidas o quien sabe si incluso unas Nike traídas de importación de los Estados Unidos de América.
Y para el verano unas bambas, normalmente solían hacer juego con el color de las catiuscas (quizás hubiese algún tipo de oferta dos por uno), y también servían para todo: desde ir a la playa, pasando por misa, hasta ir a ver a algún pariente lejano. Lo que recuerdo con disgusto de ese calzado era el complemento que solía ir asociado a él: esos horribles calcetines blancos, como de agujeritos o encaje, que al llevar pantalones cortos se veían completamente. Tengo grabado en mi memoria la imagen de que al quitármelos se quedaba impreso en la piel de mis pies el horrible dibujito del calcetín como mínimo media hora.
El otro día buscando unas zapatillas por la calle Fuencarral, solo a mí me da por ir a buscar cosas sobrias a la par de elegantes en esa calle, vi que se han puesto de moda tanto las catiuscas, como los kickers, como las bambas. ¡Cuantos recuerdos de niñez me despertaron las bambas!
Por un momento me quedé pensativo: ¿Qué será lo próximo que saldrá del baúl de los recuerdos? ¿Los calcetincitos de encaje blanco? ¿Para ser moderno hay que ir vestido como hace treinta años? ¿Hacía donde va el mundo de la moda? ¿Se resolverá algún día el misterio de las caras de Belmez? Como fui incapaz de responderme a mí mismo, decidí tomarme una cañita para recuperarme de tan largo e infructuoso paseo en busca de elegante calzado.

Brausen recomiendo dos grupos procedentes de la piel de toro que nos cobija: Aeropuerto y Catpeople, los primeros cantan en un correcto castellano y los segundos en un ingles cuanto menos resulton. Una muestra más que existe música en nuestra patria, aunque parezca increíble, más allá de Bisbal y el regueton.

lunes, 4 de febrero de 2008

¿Destino?

Brausen se mesa la barba mientras pone en orden sus notas, la mirada perdida en el cielo amarillento de su cuarto. Medita, entreteniéndose con sus "artificios intelectuales", es como un niño travieso que solo se puede divertir jugando.

Florentino Ariza lo tenía muy claro cuando conoció a Fermina Daza, su destino era enamorarse de esa mujer y amarle toda su vida. ¡Y voto a Dios que lo cumplió!, su amor no ceso jamás; ni por el matrimonio entre Fermina y el prometedor médico Juvenal Urbino, ni por sus propios devaneos con otras mujeres, ni, por lo que es aún más increíble, decayó ante la casi interminable sucesión de días en los cuales no llegó a alcanzar su meta. Cierto es que el ser un personaje de ficción le da cierta ventaja sobre los humanos, la carne suele tener peor memoria que el papel y la tinta, pero es innegable que cumplió al pie de la letra con la misión que se encomendó a si mismo siendo apenas un rapaz, venciendo a más de medio siglo de continua espera. Por si alguien no lo sabe, me extraña ya que mis seguidores aunque escasos son ávidos lectores, Florentino y Fermina son los protagonistas de la gran novela (actualmente adaptada a las pantallas de cine) de García Márquez: El amor en los tiempos del cólera. No es mi objetivo hablar de la obra de Márquez, aunque pensándolo un poco su comparación con Onetti podría ser la mar de fructífera, tan lleno de florida desmedida el uno y tan vacío de apasionamiento el otro, sino del destino tomando como excusa el amor de Florentino. Dicen que hay una voz que habla a algunos los elegidos y les indica un camino, otros argumentan que cada cual ha nacido para algo en concreto en esta vida e incluso, los más osados lanzan la teoría que cada cual debe marcar su camino entre los infinitos posible. Yo no se cual teoría es la verdadera, si es que existe alguna verdad en todo esto, pero he leído algo que me ha hecho reflexionar. Como no ha sido Jung, hasta que no empiece con otro autor creo que el Blog se va a volver monotemático. El bueno de Carl Gustav comenta algo como esto: hay personas que escuchan la llamada o la voz de la providencia, no hace falta ser un héroe para sentir esto pero se suele dar más en grandes "personalidades" (carne de otra entrada sería la definición que da Jung de personalidad), en el resto de la gente sino se da esto, es la voz de la sociedad la que te indica el camino, lo correcto e ideal, cual madre protectora que busca un camino adecuado para sus polluelos. En casos extremos, cuando no existe personalidad, se llena el alma de clichés y "la voz de interior es remplazada entonces por la voz de la sociedad y de sus conveniencias y el destino es sustituido por las necesidades colectivas" (Jung dixit). Todos tenemos este factor social metido dentro, es inevitable y hasta cierto punto beneficioso para el buen funcionamiento del grupo, pero también conocemos a esperpentos sociales, que no se salen lo más mínimo de los estereotipos dominantes en la sociedad de su época. Si Florentino no hubiese hecho caso a ese guía interior que le indicaba que debía amar a Fermina y hubiese hecho lo socialmente correcto, se habría casado con otra mujer, tenidos hijos, amantes, poder... ¿Pero hubiera sido feliz? Incluso, ¿si hubiese seguido enamorado de ella, pero ella nunca le hubiese correspondido, no sería más feliz en su derrota que en una vida común y socialmente bien vista? Quizás esta voz secreta y susurrante solo se manifieste en algunas personas o simplemente la silenciamos haciendo el suficiente ruido para no escucharla, nunca es cómodo separarse de la masa. Esperar un tren cinco minutos no tiene nada de especial, pero aguardarlo cincuenta años no deja de ser hermoso, es una cuestión de fe y la fe es algo que nunca dejaré de admirar y envidiar.

Brausen recomienda el próximo concierto de Marah: 27 de Febrero en Madrid, Brausen y un grupo de jóvenes (y no tan jóvenes) rockeros irredentos estarán allí presentes. Si os animáis a ir distinguiréis al maestro porque estará con una copa de Jim Beam en la mano, no dejéis de saludarle, aunque tímido agradece el reconocimiento a su obra.

lunes, 21 de enero de 2008

Secundarios

Brausen se ha hecho de rogar con la primera entrada del 2008, es un año que no le da muy buena espina, lo afronta receloso, el sabe que es una estupidez pero no lo puede evitar.

He estado meditando en cambiarle el nombre a este nuestro Blog, abandonar a Brausen y adoptar una nueva personalidad literaria descubierta no hace mucho, os hablaré de ella.
El primer libro que me he terminado este año ha sido: "Sobre heroes y tumbas" de Ernesto Sabato y en él aparece Bruno. Es un secundario, un adorable secundario, posiblemente si me acuerdo de esta obra en el futuro será por él y no por el resto de personajes (no quiero decir con esto que sea un mal libro, no me vaya a pasar como con la entrada sobre Antonio Vega).
No es vital para el argumento ya que él la vive como espectador, pero gracias a su intervención se entiende mejor la trama. Es un ser sensible, lector fino, y amante de ciertos virtuosismos intelectuales que no conducen a nada, juegos de la mente con los que se entretiene. En cierto momento, confiesa que ha tratado cientos de veces de escribir alguna obra "mayor" pero nunca ha sido capaz de pasar de los pequeños relatos que confecciona, le falta constancia.
Creo que Bruno es mucho más yo que Brausen, este último es un canalla, que vive de las mujeres, envuelto en negocios sucios. Un cínico e irónico personaje que crea a su alrededor un universo (quizás esta fuese la razón por la que le elegí) tan literario como real. En otras obras de Onetti se refieren a él como al Dios creador Brausen.
Esta claro que yo soy más un secundario, un ser que observa más que actúa, incapaz de ese papel de protagonista que muchas veces asumen personas sin nada que decir pero un don innato para ello.
Al final, aunque soy más Bruno que Brausen, he decidido no cambiar nada del Blog, ya que los contratos con los patrocinadores me tienen atados de pies y manos durante dos años.

Brausen recomienda una canción de The Twang: Wide Awake (mejor en su versión acústica) tiene un verso que describe mucho como se siente ultimamente: "I ´don´t wanna face the world, but I know that I should"

sábado, 29 de diciembre de 2007

Dentelladas

Te la dan sin solicitarla y te la quitan de la misma manera, un tiempo concedido y desconocido que avanza inexorablemente hacia la muerte. Así es la vida.
Durante el tiempo que existes ocurren millones de cosas, la mayoría de ellas no las eliges: creces, envejeces, enfermas o te parte un rayo en dos, sin más razón que la ley de vida. Caminas, de principio a fin, expuesto a recibir dentelladas que te desgarran y estremecen, desangrándote un buen trecho de ese camino en el que todos estamos luchando. Cuando consigues sanar de una, ya hay una zarpa dispuesta a dejar su marca en ti. Un circulo sin fin que solo acaba con tu propia muerte. Así es la vida.
No hace mucho leía, en un libro de Ernesto Sábato, una opinión que comparto plenamente y ya he expresado en este Blog. La felicidad, la felicidad con mayúsculas no existe, esa idea que tenía cuando era un crío de un mundo en que habría un enorme parque de atracciones, del cual nunca tendría porque salir y siempre podría estar montado en los coches de choques sin pagar, es una ilusión, una ilusión dañina por otra parte. Porque ¿Cuanto tiempo puedes pasar tratando de descubrir este El Dorado? Esta búsqueda desespera y descorazona ya que solo trae lo contrario de lo que se ansía hallar: desdicha. Mientras estas embarcado por los mares del universo buscando la Atlantida, dejas pasar pequeñas islas llenas de encantos más sutiles pero menos grandilocuentes, que te podrían llenar de momentánea (no conozco nada que sea eterno) felicidad.
Ya me di cuenta hace un tiempo de que los parques de atracciones grandiosos no me llenaban, creo que he sido medianamentente afortunado al desechar esa posibilidad con cierta prontitud, hay personas que no lo hacen nunca. Ahora redoblaré mis esfuerzos por no dejar pasar ni una sola oportunidad de dicha, pienso agarrarme a ellas clavandole las uñas, sujetandolas con mis dientes, bebiendome su sangre hasta la última gota. Voy a dar dentelladas tan rabiosas y profundas que no podrán escapar.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Empujar

Brausen se asusta de como pasa el tiempo, hace una semana estaba saliendo de un concierto y ahora está aquí a mi vera, dictándome sus pensamientos, todo ha pasado como un abrir y cerrar de ojos.

Y en Madrid me di cuenta de lo que significaban esas pulseras de colores chillones que portaban orgullosamente unos cuantos, daban acceso a un área delante del escenario,acotada, sin agobios y tan cerca de los músicos que te podía caer el sudor de la E Street Band. Según nos contaron era una especie de premio para aquellos que habían hecho incontables horas de cola para ver a Bruce Springsteen.
Y en Bilbao vi unas cuantas relucientes cuando caminaba para superar el último control de entradas antes de llegar a la pista. Brillantes, insinuantes y limitadas ya que mientras yo las admiraba como un pazguato, no dando crédito a que me fuese a tocar una,se acabaron. Mi hermano consiguió la última, yo por pasmado me quedé sin suerte.
Y me aposté cerca de la vaya, esperando pacientemiente el inicio del concierto, cada vez más rodeado de gente, mientras mi hermano estaba en el paraíso, separado de mi por solo un poco de acero en forma de reja.
Y se apagaron las luces y aparicio, como por arte de magia, la pianola que acompañaba con su música la entrada en escena de la banda. Aprovechando ese revuelo inicial mis vecinos de la izquierda empujaron contra los de seguridad (dos chavalitos cualquiera con un chaleco fosforito) tratando de abrir brecha y yo, inconcebiblemente, empujé con ellos hasta que tuvieron que ceder.
Y noté una mano que trataba de agarrarme al pasar la barrera caída pero yo no me paré, y corrí y en el primer acorde de Radio Nowhere estaba pegado al escenario. Miré atrás y vi que la hemorragia se había cerrado y yo había aprovechado esa segunda posibilidad que el destino me brindaba.
Porque en estos días me he dado cuenta que quizás la diferencia entre los estúpidos y los inteligentes simplemente sea esta: que los segundos aprenden de sus errores y los primeros no.

Brausen aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid y recomienda su canción favorita de Springsteen: Badlands, cree que este verso le servirá de moraleja: "We'll keep pushin' till it's understoodand these badlands start treating us good".

martes, 20 de noviembre de 2007

Intuición

Brausen mira el jarreo continuo de agua sobre su ciudad, melancólico el clima, melancólica mirada.

Hay cosas que se saben sin explicación racional, se saben y punto. Las tienes dentro de ti como si siempre hubiesen estado allí. Creo que todos tenemos esa sensación en algún momento de nuestras vidas, sabemos cuando algo ha acabado o cuando va a empezar, que elegir o que ignorar, que dejar pasar o que hay que agarrar sin piedad para que no se escape.
Para simplificar, llamaré a esto intuición, más científicamente la definición de la cualidad sobre la que estoy escribiendo podría ser "la capacidad para decidir la mejor opción entre varias con o sin ningún dato". Muchas de nuestras elecciones son de ese tipo y en su mayoría las más importantes de nuestras existencias. Mi nueva jefa me dijo el otro día que me selecciono porque le había dado "buen rollito", y yo a su vez acepte la oferta por las sensaciones positivas que había tenido en las dos entrevistas que hice.
Realmente todo se basó en una charla que a lo sumo duró una hora. ¿Cuantos datos se pueden conseguir en ese tiempo? Desde luego más que insuficientes para tomar una decisión tan importante como esa, tanto para ella como para mí, este vació objetivo se llena con vísceras y sentimientos.
Lo mismo pasa con los directivos de una empresa, eligen las estrategias sin saber realmente, las personas que conocen como se mueve la compañía están tan abajo en la cadena de mando que al "subir" la información llega tan resumida y tan dulce como una pildorita de sacarina. Lo increíble de esto, es que posiblemente haya personas capaces de decidir correctamente de esta manera. Es un don como otro cualquiera.
El común de los mortales nos informamos mucho más para tomar una decisión menor como puede ser la compra de una televisión que para elegir trabajo, amigos o pareja.
Yo siempre he confiado en esa intuición como mi guía, además de una manera casi ciega, para ir por la buena senda. Pero el otro día me di cuenta que, quizás me lleve por el camino incorrecto, o al menos por el más agreste. Hasta ese momento nunca había tenido en cuenta esa posibilidad, tremendo error o quizás no...

Brausen se prepará para salir a la carretera otra vez, ya van unas cuantas y siempre lo hace con gusto. Esperemos que la experiencia sea tan buena como otras veces.
El querido bloger recomienda la canción de los Foo Fighters: The pretender, una buena inyección de energía para días tan grises como este.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Tangentes

Brausen mira por la ventana y ve los adornos de Navidad colgados aunque no encendidos, algún mensaje ha recibido ya para las clásicas reuniones de esas fechas. La Navidad llega tan imparable como todos los años.

En un día normal, en una ciudad de tamaño medio, podemos ver cientos de caras, quizás miles, pasando deprisa a nuestro lado, sin fijarnos en los rasgos, sin mirar a los ojos que esconden un alma, esquivando los cuerpos como obstáculos de una carrera hacia una meta difusa.
La otra mañana en el metro me di cuenta, que una cara me sonaba, tuve esa sensación de reconocer a alguien y no saber de qué (por lo menos en mi caso la odio) y tras mucho rebanarme la sesera, llegue a la siguiente conclusión: que la conocía de mis trayectos diarios en el suburbano, que coincidía con ella casi todos los días en una parte del viaje de ida. Por supuesto, no he hablado, ni dialogado con ella, simplemente recuerdo su rostro de verla de manera más o menos continuada.
No hace mucho, hablando con mis ex-compañeros de trabajo salió a relucir un nombre. Fue una persona que entró conmigo a mi anterior empresa. Al poco tiempo de empezar allí, fue la comida de Navidad y como eramos los dos nuevos estuvimos casi todo el rato juntos. Fue un día divertido. Al poco tiempo él se fue de la compañía y no se nada más de su vida.
Son dos ejemplos de vidas tangenciales a la mía, que me han tocado en un único punto y cada cual sigue su existencia sin reparar en esa pequeña conexión que nos unió durante un tiempo. Echando la vista atrás puedo escribir cientos de casos de este tipo, con más o menos minutos compartidos, recuerdos olvidados o latentes en nuestro siempre esponjoso subconsciente.
La tangente es el comienzo de todo, el inicio inevitable de cualquier relación del tipo que quieras imaginar (amistad, amor, laboral...) un punto común vital para que la tangente se convierta, en secante, paralela o perpendicular a tu existencia (algún día haré una entrada con cada una de ellas).
Cada día esta lleno de miles de estas posibilidades geométricas, una mirada, un gesto, una palabra o un silencio pueden valer como tangente, y lo bueno o lo malo del destino es que no sabes si esa recta tangente de repente se va a convertir en una curva que te atraviesa el mismo centro de la circunferencia que tu has dibujado, ya que las leyes de la geometría no se aplican a las personas.

Brausen recomienda una canción muy acorde con este tema: Dancing in the dark de Bruce Springsteen (día 25 Noviembre Madrid, 26 de Noviembre Bilbao) con un verso perfecto que servirá de moralaje a esta entrada: "You can't start a fireyou can't start a fire without a spark"