miércoles, 10 de noviembre de 2010

Darío Jaramillo - "Memorias de un hombre Feliz"

Este libro trata un tema tan controvertido como la felicidad, y si a eso le añadimos que el protagonista la alcanza asesinando a su esposa, alcanzamos un mejunje complicado de manejar y políticamente incorrecto en los días que corren. Quizás sea el reclamo perfecto para lectores fuera de la corriente general que arrastra a las masas lectoras, la editorial (Pre-textos) debería meditarlo.
El protagonista, Tomas es amante de las maquinas, de la precisión, de lo unívoco, poder montar y desmontar un aparato para que trabaje de la misma manera que antes, por eso prefiere la compañía de los artefactos al del género humano, bastante más díscolo en lo que a su funcionamiento se refiere. La obra es interesante y merece la pena ser leída, pero me voy a centrar en dos temas que toca el autor en ella. El primero es el principal del libro y el que le da nombre: La felicidad.
Tomas la alcanza de una manera harta simple, centrando su intelecto en amar su trabajo, fijarse en cada uno de los más mínimos detalles de la planta de producción que trabaja. En su tiempo libre se emplea en reparar relojes antiguos. Absorbido su tiempo casi absolutamente en eso no le da tiempo a divagar o pensar en otros temas que le apartarían de la senda de la sonrisa y le llevarían al vericueto de la lágrima. Centrar la mente en algo útil, provechoso o gratificante para uno mismo es necesario para un equilibrio que lleve a la felicidad, ya he citado en diversas ocasiones ese párrafo de Pablo D'Ors en el cual Zollinger es feliz haciendo zapatos, amando su obra. En el fondo Jaramillo dice lo mismo, baste para ejemplificarlo esta cita: "Tal vez la gran reforma educativa consista en que lo primero que todo individuo debe aprender en la vida es a disfrutar de su trabajo. No me parece difícil conseguirlo. Es más, me parece más difícil hacer el trabajo cuando se lo odia que cuando se lo ama. Con la ventaja adicional de que con el amor logra hacerlo mejor y que la curiosidad se despierte."
El otro tema que se toca en el libro y que a mí especialmente me ha llamado la atención es la reflexión del protagonista sobre la música. La odia, no soporta el continuo sonido estridente entrando por sus orejas. La explicación es fácil, nacido en un pueblo colombiano en los años treinta, no podía escuchar nunca o casi nunca la radio y menos aún en directo, sólo en las fiestas patronales de su villa. Nosotros, o yo al menos, he nacido envuelto en las siete notas, mamando melodías y gritando estribillos de serie de dibujos animados. Es algo tan natural como el caminar, pero para Tomas no, para él lo natural es trabajar en absoluto silencio, como lo es para mí escribir mientras escucho música.
Buscaré más libros de Darío Jaramillo, os mantendré al corriente.

sábado, 30 de octubre de 2010

Fernando Pessoa - El banquero anarquista

Hablar de Pessoa es hablar de miles de escritores en uno, de una variedad sin limites, de un universo en una sola persona (todos tenemos ese cosmos dentro de nosotros pero pocos se atreven a sacarlo). Sus heterónimos hablan por él, con él y a través de él.
Mucha parte de su obra son fragmentos, maravillosas reflexiones, retales y pinceladas escritas en su amada Lisboa. Los estudiosos se rompen la cabeza tratando de encajar los fragmentos afines, tratando de organizar una obra consolidada y pétrea, que posiblemente Pessoa no quiso crear o le faltó tenacidad para consolidar.
Yo me voy a centrar en un pequeño cuento que acabó y cerró con suma maestría. El banquero anarquista es una muestra de como funcionaba el cerebro de Pessoa, razonando, hilando y machacando con su lógica un argumento tras otro.
En el relato explica como un anarquista convencido llega a convertirse en banquero sin renunciar,supuestamente, a sus principios. La base de todo el argumentario es esta definición de anarquismo: "¿Qué quiere el anarquista? La libertad- la libertad para sí y para los otros, para la humanidad entera. Quiere estar libre de la influencia o de la presión de las ficciones sociales; quiere ser libre tal cual nació y apareció en el mundo." A partir de esta base, justifica las diferencias entre los hombres ya que unos nacen altos y otros bajos, y eso es lo natural. Para luchar contra las ficciones sociales, termino que usa en toda la obra, se une a un sindicato, pero con el paso del tiempo se da cuenta que dentro de la misma organización anarquista se producen casos en los que unos mandaban sobre otros, se creaban lideres y subordinados. "Tiranía" usando las palabras expresados por el banquero anarquista. Le asaltaba esta duda: "Y ahora dígame si a través de ese cargamento de tiranías entrecruzadas entrevé usted alguna sociedad futura que se parezca a una sociedad libre".
Para evitar este problema el protagonista decide trabajar aislado en pro de una sociedad sin ficciones sociales. En solitario evitaría subjuzgar a los otros en su lucha común. Se le presentaban varias posibilidades para contribuir a la causa anarquista: propaganda, distribuyendo sus ideas, acción directa, matando a algún miembro destacado de la sociedad o librándose del mayor opresor de la sociedad: el dinero. Así es como se hizo banquero, porque una vez superada la traba de los ingresos, él sería libre y cumplía el objetivo ácrata.
Por supuesto que a este razonamiento se pueden poner muchos argumentos de peso en su contra, pero Pessoa es un literato no un politólogo.
Recomiendo humildemente su lectura como primer paso para acercarse al magnífico monumento de miles de caras que es la obra Pessoana.

domingo, 3 de octubre de 2010

Manuel García Rubio, Sal

Los personajes de esta novela son grandes terrones de sal. Compactos e impresionantes en un principio, vulnerables al agua al fin y al cabo.
Manuel García Rubio es el escritor de Sal y nos hace seguir las peripecias de Urbano por la vida, un aspirante a guionista que durante toda la trama de libro trata de terminar su supuesta obra maestra: "Florecerán las barbas apostólicas". Tras él aparecen su hermano Selmo, y su amigo Tino. Las aventuras que le suceden a los tres hacen a la novela amena e hilarantes por momentos. Por poner un ejemplos: Selmo monta un negocio de charlas, queda con su clientes con el único objeto de dialogar sobre el tema que desee su interlocutor por espacio de una hora y bajo pago del estipendio acordado. Selmo triunfa y yo estoy tentado estoy de llevar la idea a la realidad, sino es que alguien ya lo ha hecho con anterioridad.
El personaje que más me llamó la atención es Julian Avellaneda, un ricachón octogenario que ve el suceder de los acontecimientos desde su promontorio de experiencia y sapiencia. El autor a veces le otorga el papel de deus ex machina. Será usando a este personaje como Manuel García proclama el tema intimo y aglutinador del libro. El capitulo 33 es un articulo lamado Delicuescencia y fimado por Julian Avellaneda. Aquí os dejo dos citas que creo que son suficientemente ilustrativas: "Ni siquiera nos importa nuestra identidad, tan solo aguardamos a que se nos asigne algún cometido con el que entretener el paso del tiempo".
"A medida que pasa el tiempo, nuestra biografía va pareciéndose menos a una narración del yo y más a un muestrario del esto: hemos pasado de la vida como una epopeya heroica de autoafirmación a la existencia como colección banal de estampas".
Eso exactamente es lo que hacen los personajes centrales del libro, cambiar cromos, añadir retazos a un lienzo en blanco, sin dibujo, sin coherencia. Terrones humanoides de sal que se van diluyendo poco a poco con el contacto del agua, del oceano, del mar, que no es otra cosa que la vida.
El libro tiene muchos matices e historias secundarias que serían dignas de rescatar, cada cual sacará a la luz lo que más le llame la atención. Yo sólo recomiendo su lectura y su posterior reflexión.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Memorias de un hombre de madera- Andrés Ibañez

Pocas veces se tiene la suerte que un escritor te recomiende a otro y yo tuve esa fortuna. Pablo D'Ors me aconsejó que leyese a Andrés Ibañez y aquí estoy comentando su obra: Memorias de un hombre de madera.

Memorias es una búsqueda, no una búsqueda extraordinaria, nada fuera de lo común, es un camino que todos recorremos. Son unos interrogantes que siempre surgen en la vida de cada ser humano, que intentamos ahogar con la rutina, la repetición incesante de una letanía que acalle a la consciencia: "Somos mecánicos. Todo lo que hacemos todo el día son acciones mecánicas. Son las acciones no mecánicas las que nos cuestan tanto. Los intentos de ser conscientes cuestan siempre un enorme esfuerzo".

Esteban, el protagonista del libro comienza buscando la "montaña", un club de gente que quiere descubrir ese accidente geográfico dentro de si mismo, pero la trama no sigue la corriente que uno esperaría, vira y usa una metáfora para enfrentar al protagonista consigo mismo y con los demás. Por mucho que lo intenta: "Trabajo mucho en mi taller , mucho, más de lo necesario. Quiero ocupar mi tiempo, quiero parar mi mente." Su cerebro no le da tregua, cuestiones sin respuesta. Miradas sin reflejo. "Cuanto hablamos siempre, cuánto nos quejamos por todo, cuánto nos esforzamos por explicar las cosas, que elocuentes somos siempre para intentar expresar esa grandeza que nadie nos reconoce, pero luego morimos, uno tras otro, todos morimos, y entonces nuestras palabras quedan sonando como esa espuma amarillenta que bate una y otra vez en las playas desiertas en las que no hay nada más que el viento, las gaviotas y los restos desvencijados de antiguos naufragios."

Pasos ciegos, escalones rotos, agarrarse al materialismo, a la religión, soluciones que millones de personas han buscado antes de nosotros y a muchos les han funcionado y a otros no. "¿Quién tiene razón? Puede que los dos la tengan en el momento en el que hablan. Puede que los dos tengan razón a su manera, y que la realidad sea tan compleja, tan multiforme, que admita esas dos versiones de la verdad en las que ambas formas de ver el mundo sean en realidad la misma."

Espero que si alguien lee esto le pique la curiosidad por beberse la copa entera y no sólo mojarse los labios con los mínimos extractos aquí reflejados. Un libro perfecto para un debate abierto y franco sobre cosas inherentes al hecho de estar vivo.

lunes, 9 de agosto de 2010

Historias inacabadas

Y Brausencito sigue mirando al cielo, ahora se pregunta como es posible que caiga tanto barro sobre su pequeño coche. ¿Será posible meter el automovil dentro de la piscina? Así el coche queda limpio y la piscina se convierte en playa..

De cada libro puede nacer otro, siempre hay algo a rescatar, un hilo que queda cortado, o una idea solamente insinuada que a otra persona puede parecer brillante, una bola de billar que empuja a otra sin que ninguna fuerza la pare en su rodar.
Sobre eso trata esta entrada, de una ocurrencia que tuve al leer: Historia naval de la Gran Guerra de Mateo Mille. Un libro, que como bien te puedes imaginar amigo lector, trata sobre lo que parece, de buques, cañones, submarinos y demás bombardas embarcadas en cualquier medio que flote. El libro fue escrito en 1935 y por eso se habla de la Gran Guerra en vez de la Primera guerra mundial y, aquí viene la idea entresacada a golpe de hacha de mis meninges: me llamo la atención la imagen que se da de Winston Churchill en la obra.
En aquel periodo era el Primer Lord del Almirantazgo y ordenó un ataque en la península de Gallípoli, con el objetivo de ayudar al frente occidental francés presionado por la maquinaria bélica germana. La jugada ideada por Churchill no resultó muy afortunada, las bajas fueron enormes y no se consiguió nada de positivo. Mateo Mille ataca al entonces Primer Lord como máximo responsable de este fracaso, desde luego es estúpido esconder su parte de culpa . Lo curioso, es que al leer cualquier biografía que te puedas encontrar en Internet de Sir Winston (http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/churchill.htm) este hecho no se menciona casi o simplemente se omite.
En Gallípoli murieron más de cien mil personas y se combatió con ardor en ambos bandos. No fue una batalla decisiva, en la Gran Guerra casi ninguna lo fue, pero queda minimizada en los relatos de la obra y milagros de Sir Winston. ¿La razón? Su enorme peso en la lucha contra el Tercer Reich. Si el Lord hubiese muerto poco después del desastre de los Dardanelos, se le recordaría como algo totalmente distinto a lo que es ahora.
Las historias, pueden dar muchas vueltas hasta su final, equivocarse al principio, acertar al final. Hasta que el arbitro no pita el final, hasta que no nos arrebatan nuestra historia (vida) todo puede cambiar.

Brausencito recomienda: Niño Malalengua y su cd: Panicotidiano. También recomienda a la lluvia no mezclarse con el barro, esta mucho más bella sin él.



martes, 8 de junio de 2010

Festival

Brausencito mira apenado el cielo, la temporada de piscina va a comenzar en apenas unos días y el frío invita más a tapar las lorzas que a lucirlas con singular desvergüenza.

Voy a diseccionar el siguiente relato: Festival que pertenece al libro: El tiempo envejece deprisa escrito por Antonio Tabucchi, por lo cual, amable lector, si desea dejarse sorprender por el mismo, abandone de manera inmediata este blog. Si por el contrario quiere disfrutar de un coqueto resumen, no lo dude, siga leyendo. No queda claro, por lo que comenta el autor a modo de epilogo, si esta historia está basada en hechos reales o no.
El relato es como sigue: un país policíaco, en el cual todo es estado, vigilante, sospechoso y controlador. Al protagonista le toca representar la farsa del abogado defensor que siempre ha de perder, sin excederse en su cometido, falto de pasión en su labor, ya que de lo contrario se pondría en entredicho su lealtad a la patria.
Este circulo vicioso (estado acusa, estado finge que defiende, estado castiga sin piedad) continua imperturbable hasta que un día, en uno de los juicios en el que el protagonista actúa, aparece un hombre con una cámara al hombro y un micrófono al cinto. Coloca estos de tal manera que recoge perfectamente los discursos de todos los presentes y graba de espaldas al acusado pero de frente a los jueces.
En ese proceso la pena fue increíblemente leve para lo que acostumbraba el fiero tribunal.
El abogado defensor se dio cuenta de dónde se encontraba el nudo gordiano de la cuestión y reclamó la presencia del cineasta en todos aquellos procesos que consideraba que eran aún más despiadados e injustos de lo habitual; y siempre con el mismo resultado: penas mucho menos encarnizadas que sin su presencia.
Un día, el documentalista al recibir la llamada del abogado, contestó que no podía ir a los juzgados, ya no tenía cinta en la que grabar. El estado llevaba meses deliberando el concederle o no más metros para proseguir sus documentales. Convencido por el abogado, acudió al palacio de justicia sin rollo para filmar en la cámara, pero consiguieron el mismo resultado: penas leves.
La moraleja o moralejas pueden ser tantas... cada cual puede elegir la suya. Unos ojos mirando tienen tanta fuerza como para: evitar los golpes de un brazo desquiciado, apartar los dedos de un gatillo sensible, dar la señal de alarma ante una injusticia,...
La impunidad es muy peligrosa, cuando una persona se siente invulnerable olvida su cobardía y es capaz de sacar lo peor que lleva dentro: avaricia, ambición, despotismo o crueldad.
Parece mentira que en este siglo XXI en el que vivimos, en el que en un partido de fútbol, boda real o en un simple salir a la calle de el famoso de turno se centran millones de ojos, aún haya tanta injusticia sumida en la oscuridad de anonimato.
Pero no hay peor ciego que áquel que no quiere ver.

Brausencito recomienda a Supersubmarina, en los dos últimos meses ha escuchado unas cientos de veces sus canciones. Su favorita: Ola de calor



domingo, 9 de mayo de 2010

Vida y literatura

He estado bastante tiempo dándole vueltas al libro sobre el cual voy a hablar ahora: La casa Verde de Mario Vargas Llosa.
No sabía como interpretarlo, si sus florituras estilísticas, temporales y formales tienen cabida en la vida real, si es todo un artificio o un juego para entretener al lector sin reflejo en el lago de la vivencia personal. Pero antes de seguir, voy a dar un breve resumen del argumento del libro:
Perú, Perú entre principios y mediados del siglo XX, Perú selvático y tropical. Santa María de Nieva, Iquitos, Piura y como no; la selva. Personajes: ambiciosos con dinero y poder como el Señor Reátegui, codiciosos y sin escrúpulos como Fushía, personas que pasan del convento a la casa de lenocinio como Bonifacia y así una baraja de seres que interactúan en este pequeño universo.
Lo interesante del libro aparte de su historia, es como está escrito, puedes encontrar diálogos cruzados, dos personas hablando al mismo tiempo que lo hacen otras dos en otro lugar o periodo de tiempo. Monólogos interiores que se entrelazan, el del cura con el dueño de la casa de putas. Personajes que aparecen hace cincuenta años y en el momento presente. Todo para intentar explicar como actuan ahora los personajes debido a como lo hicierón en el pasado, que a su vez estaba motivado por mil y una razones y esperanzas.
Realmente la vida es así, una serie de personas que se mezclan en millones de planos, porque cuando tu hablas con un amigo, no habla sólo tú yo actual y presente, sino que por él hablan todo lo que has vivido y sentido, tus cicatrices mal curadas y tus ilusiones agonizantes, tu yo pasado y aún latente, tu borrá del café aún humeante.
Los libros son lineales porque es imposible abarcar la vida en unas páginas, se escapa por sus bordes, hay que simplificar, buscar la esencia y cimentar la base. Y por supuesto, cuanto más se acerca una obra a la esencia de la vida más complicada se hace su lectura. Yo muchas veces leo para divertirme sin más, y no para que me recuerden la maldad del mundo o la llave de la existencia, esto a su vez, no es otra cosa que vivir. Todo es bueno, todo es posible, todo es alabable, todo es vida.