Todos los días Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) llegaba al mismo punto, de lunes a viernes directamente desde su oficina, sábados y domingos desde su domicilio. La librería a la que iba no tenía ningún encanto especial, era una tienda más de la Casa del Libro como tantas otras esparcidas por la ciudad, pero a él le gustaba porque nadie le molestaba, podía vagar tranquilamente entre las estanterías y las mesas repletas de libros sin que nadie le distrajese. Esperaba una llamada, un reclamo, que alguna de las obras que habitaban bajo ese techo se le declarase. Con el tiempo Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) aprendió que no todos los libros eran sinceros, algunos hacían lo que fuese por salir de esas cuatro paredes que no consideraban su hogar y fingían ser más interesantes de lo que en realidad eran, otros suplicaban y prometían diversión sin fin con tal de verse liberados del código de barras que oprimía su contraportada. Nadie más oía estos gritos y lamentaciones, Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) lo achacaba a que sólo él les escuchaba realmente. Tras deliberar y sopesar las razones que le presentaban las distintas obras, compraba un libro o lo sumo dos, si eran especialmente delgados y desvalidos, volvía a casa y no se acostaba hasta que se terminaba los volúmenes adquiridos.
Este era su ritual cotidiano, se podrían contar con los dedos de la mano las jornadas en los que Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex), falto a la cita diaria con los prisioneros de la Casa del Libro.
Vivió así y por tanto feliz: treinta y dos años, ocho meses, catorce días, trece horas, diez minutos y un número indefinido de segundos, ya que esa tarde al emprender la lectura de la página cincuenta y tres de "Doña Perfecta" , no pudo continuar. No era capaz de leer ni una línea más, ni siquiera una palabra o una huérfana letra. Notó como su cabeza repleta, llena, había llegado al tope de lectura que podía asimilar. Pensando que era algo transitorio decidió acostarse sin acabarse el volumen que había comprado esa misma tarde, por primera vez en, quizás, un lustro.
Como viene siendo habitual desde hace millones de años, la mañana siguió a la noche, y inevitablemente la tarde a la mañana y Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) faltó a su cita con la casa del libro, ya que no había concluido el adquirido en la víspera. Hecho que no pasó desapercibido a una de las cajeras del establecimiento, lo que a su vez provocó un comentario jocoso, pero sin malicia, de ésta al guarda de seguridad que vigilaba con aire marcial la única salida de la franquicia. Ambos rieron con sana naturalidad y una chispa de algo parecido al cariño en sus ojos.
Casi a la carrera llegó nuestro protagonista a su casa, y no fueron pocos los vecinos que pensaron llamar a la policía al oír os gritos que profirió Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) al comprobar que la acción benéfica de la noche no había conseguido devolverle la capacidad de la lectura.
Conjeturó sobre todas las alternativas posibles y siempre llegaba a la misma conclusión: había llegado al tope de palabras que cabían en su cráneo. Por lo tanto, la solución era muy simple, tenía que vaciarlo. La pregunta era: ¿Cómo?. Intentó los métodos más clásicos: miccionar y defecar, pero como luego pensó, que se vaciase su cuerpo no significa que lo hiciese su cerebro. Probó: vomitando, hurgándose en la nariz tratando de hallar un tapón que le vaciase la mente como una bañera, taladrándose el oído con todo tipo de artilugios, pero el resultado era siempre el mismo: frustración sin limites.
Llevado por la desesperanza Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) salió a la calle buscando una solución, como es habitual no encontró ninguna, pero si un bar en donde ahogar las penas. Ni borracha su cabeza le permitió leer una sola sílaba con la que aliviar su angustia.
Por segundo día consecutivo, cosa inaudita hasta la fecha, Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) se acostó sin terminarse un libro.
Los días siguientes fueron un infierno, desesperado tomó papel y lápiz dispuesto a explicar las razones de su inminente suicidio. De un tirón dejó su testamento escrito e inconscientemente lo releyó para confirmar que quedaba meridianamente claro porque decidía colgarse de la araña, hermosa herencia familiar pero no destinada a tal fin. Cuando se estaba ajustando el nudo de la cuerda, el mercado de sogas es cada vez más escaso, se dio cuenta de haber leido su propia despedida, y fue tanta su alegría que casi se ahorca tratando de desasirse del nudo que un momento antes deseaba le agarrase para siempre.
De nuevo los vecinos estuvieron a punto de llamar a la policía al oír los gritos que Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) profirió al comprobar que podía leer de nuevo y avanzar en la trama de "Doña Perfecta". Su gozo fue corto ya que únicamente puedo hacerlo durante dos páginas, notandose el cerebro repleto de palabras otra vez. ¿Qué pasaba? ¿Qué sucedía? ¿Qué genio maligno se reía así de él?
No duró mucho esta vez su malestar, porque en seguida recapacitó sobre lo sucedido,había vaciado su cabeza de palabras: ESCRIBIÉNDOLAS. El experimento no se hizo esperar y Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) anotaba cada palabra que leía, copiaba las letras impresas a su grafía manual.
Al principio el nuevo método le disgustó ya que relentizaba su marcha, ya no podía leer un libro diario y por tanto ya no iba cada tarde a su Casa del Libro a oír las suplicas de sus habitantes. Pero después, descubrió, que así, copiando cada palabra, disfrutaba más de cada obra, saboreando matices hasta entonces desapercibidos. De hecho Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex), jamás volvió a comprar un libro.
Cuando los vecinos, finalmente, llamaron a la policía, alarmados por el mal olor que nacía de la casa de su vecino, ésta se encontró, además del cadáver putrefacto de Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex), cientos de hojas de papel perfectamente numeradas y ordenadas.
Al lado de cada "libro original" se encontraban sus versiones manuscritas. Una de las camilleras del Samur, gran aficionada de la lectura, se entretuvo leyendo estas copias mientras esperaban que el juez levantase al finado. Sorprendida quedó cuando comprendió, que la primera copia de Andanzas del imprensor Zollinger era totalmente fiel al original, pero que la segunda variaba, levemente, respecto a la primera y que una que una eligida al azar solo tenía un lejano parecido con la genuina.
Actualmente los estudiosos de la obra de Alejandro (sólo su madre se atrevió a llamarle Alex) discuten si se pueden llamar versiones a estas copias o son libros originales de por si. Son varias las teorías que explican, desacertadamente, porque empezó nuestro héroe comenzó a copiar los libros que leía.
jueves, 16 de octubre de 2008
lunes, 29 de septiembre de 2008
Velocidad
Brausen piensa que está enfermando por momentos, su maltrecha garganta está irritada, pero él se niega a guardar la cama que el galeno le prescribe.
"Decíamos ayer" que la velocidad es la principal causante de que las altivas formas vaguen sin sentido por este mundo que habitamos.
Somos hijos de una época en la cual se prima el cambio sobre ninguna otra cosa, cambio que no progreso, ya que no toda variación significa una mejora como nos lleva a crear la inercia que nos empuja sin cesar. Quizás eso pueda ser cierto en el campo técnico, nadie compraría un ordenador que fuese peor que el anterior, pero quien sabe si no estamos abrazado una manera de vivir (¿debiera escribir sobrevivir?) más perniciosa que la anterior. Esto es imposible de saber, nadie puede siquiera atisbar cuan feliz se era una persona media (he aquí el milagro de la estadística) hace un siglo y que cuota en la escala de la dicha somos capaces de alcanzar ahora.
Lo que está meridianamente claro es que se sobrevalora el cambio: grupos de música, escritores, ideas, juventud; aunque en muchos casos solo reeditan ideas olvidadas momentaneamente por el público; ¿Cuantos renacimientos del rock llevamos ya?.
Para crear un fondo a la sombra de una forma son necesarios dos ingredientes tan fundamentales como escasos: tiempo y constancia, que quizás sean mucho más sinónimos de lo que imaginamos a primera lectura.
En general preferimos especular (termino el cual creo que me llevará si nadie lo remedia a mi próximo articulo) lo máximo posible con nuestra forma y alcanzar lo mayor vistosidad con la mínima inversión.
Pero..., ¡Para!
¡Piensa!
¡Reflexiona!
¡Respira hondo! No quieras acabar tan rápido esta entrada.
Predica con el ejemplo.
Cuando te dejas cautivar por una forma y le dedicas el suficiente tiempo, verás que no hay fondo detrás, único capaz de resistir a las manecillas del reloj creando más y más interés a otras almas (iba a escribir profundas, pero esta claro que un alma ha de serlo por definición) y provocando que las formas plagien el estilo de ese interesante fondo.
La vida es demasiado veloz para que nosotros la aceleremos más fijándonos solo en modas y abandonado la esencia a su suerte.
Brausencito ha descubierto que detrás de un grupo hay más fondo del que el intuía, otra vez la causalidad le ha sido propicia y un presente que pensaba sufrir como acompañante se ha convertido en un regalo para él mismo. El enfermo genio os recomienda: Infadels y todo su segundo disco entero: Universe in reverse.
"Decíamos ayer" que la velocidad es la principal causante de que las altivas formas vaguen sin sentido por este mundo que habitamos.
Somos hijos de una época en la cual se prima el cambio sobre ninguna otra cosa, cambio que no progreso, ya que no toda variación significa una mejora como nos lleva a crear la inercia que nos empuja sin cesar. Quizás eso pueda ser cierto en el campo técnico, nadie compraría un ordenador que fuese peor que el anterior, pero quien sabe si no estamos abrazado una manera de vivir (¿debiera escribir sobrevivir?) más perniciosa que la anterior. Esto es imposible de saber, nadie puede siquiera atisbar cuan feliz se era una persona media (he aquí el milagro de la estadística) hace un siglo y que cuota en la escala de la dicha somos capaces de alcanzar ahora.
Lo que está meridianamente claro es que se sobrevalora el cambio: grupos de música, escritores, ideas, juventud; aunque en muchos casos solo reeditan ideas olvidadas momentaneamente por el público; ¿Cuantos renacimientos del rock llevamos ya?.
Para crear un fondo a la sombra de una forma son necesarios dos ingredientes tan fundamentales como escasos: tiempo y constancia, que quizás sean mucho más sinónimos de lo que imaginamos a primera lectura.
En general preferimos especular (termino el cual creo que me llevará si nadie lo remedia a mi próximo articulo) lo máximo posible con nuestra forma y alcanzar lo mayor vistosidad con la mínima inversión.
Pero..., ¡Para!
¡Piensa!
¡Reflexiona!
¡Respira hondo! No quieras acabar tan rápido esta entrada.
Predica con el ejemplo.
Cuando te dejas cautivar por una forma y le dedicas el suficiente tiempo, verás que no hay fondo detrás, único capaz de resistir a las manecillas del reloj creando más y más interés a otras almas (iba a escribir profundas, pero esta claro que un alma ha de serlo por definición) y provocando que las formas plagien el estilo de ese interesante fondo.
La vida es demasiado veloz para que nosotros la aceleremos más fijándonos solo en modas y abandonado la esencia a su suerte.
Brausencito ha descubierto que detrás de un grupo hay más fondo del que el intuía, otra vez la causalidad le ha sido propicia y un presente que pensaba sufrir como acompañante se ha convertido en un regalo para él mismo. El enfermo genio os recomienda: Infadels y todo su segundo disco entero: Universe in reverse.
lunes, 22 de septiembre de 2008
Fondo y Forma
Brausencito ha sobrevivido al diluvio que ha inaugurado el otoño gracias a su inaudita capacidad anfibia y sus afamadas ancas. Una suerte la de ser un autor todoterreno.
Forma y fondo, exterior e interior, piel y alma deberían ser términos unidos íntimamente, pero cada vez encuentro, francamente contrariado, que muchas veces me topo a alguna forma vagando sin dirección por la calle. Yo me pregunto: ¿Que hará esta loca sin su fondo amigo, correteando alegre y despreocupada? ¿Estará perdida? ¿Habrá convocado un referéndum para liberarse de su pareja? ¿Ha solicitado el divorcio de su fiel compañero para vagar libre y despreocupada en busca de aventuras?
Cada vez hay más seres humanos que han decidido convertirse únicamente en apariencia, en una forma: fantástica, formidable, fascinante, fugaz, falaz, famélica. Quieren deleitar al mundo con un espectáculo calculado de fuegos de artificio, tan corto como irreal, huerfanos de contenido, viviendo de poses aprendidas y lugares comunes manoseados. En una palabra: vacías.
Formas que son como sombras en una pared: existen, se ven e incluso se mueven pero cuando se quieren asir no se atrapa más que aire mil veces respirado, globos que se pinchan a la mínima ráfaga de un viento no favorable, formas sin fondo, formas sin vida.
La vida está en el fondo, en lo poco o mucho de puro que haya en cada persona, en la esencia y los sueños ansiados(por muy estúpidos que sean o nos parezcan) y no en una acumulación sin sentido de ropa de marca, lugares visitados y cursos asistidos. ¡Tened cuidado! las formas, a veces, pueden parecer llenas de fondo, pero es fácil descubrirlas, solo hay que hurgar debajo de los sedosos paños con los que se recubren y se encontrará la verdad: que no hay fondo y por tanto no hay nada.
Otro día hablaré de la causa de la creación de formas sin fondo: la velocidad.
Brausencito, tras un tiempo ausente, ha decidido volver con sus recomendaciones musicales, debido al ingente número de cartas recibidas de todos los rincones del mundo. Todas eran un clamor: ansiaban nuevos caminos a recorrer guiados por la firme mano del maestro. Magnánimo como es él, no se hace de rogar; canción Yes; artista: Aereogramme.
Forma y fondo, exterior e interior, piel y alma deberían ser términos unidos íntimamente, pero cada vez encuentro, francamente contrariado, que muchas veces me topo a alguna forma vagando sin dirección por la calle. Yo me pregunto: ¿Que hará esta loca sin su fondo amigo, correteando alegre y despreocupada? ¿Estará perdida? ¿Habrá convocado un referéndum para liberarse de su pareja? ¿Ha solicitado el divorcio de su fiel compañero para vagar libre y despreocupada en busca de aventuras?
Cada vez hay más seres humanos que han decidido convertirse únicamente en apariencia, en una forma: fantástica, formidable, fascinante, fugaz, falaz, famélica. Quieren deleitar al mundo con un espectáculo calculado de fuegos de artificio, tan corto como irreal, huerfanos de contenido, viviendo de poses aprendidas y lugares comunes manoseados. En una palabra: vacías.
Formas que son como sombras en una pared: existen, se ven e incluso se mueven pero cuando se quieren asir no se atrapa más que aire mil veces respirado, globos que se pinchan a la mínima ráfaga de un viento no favorable, formas sin fondo, formas sin vida.
La vida está en el fondo, en lo poco o mucho de puro que haya en cada persona, en la esencia y los sueños ansiados(por muy estúpidos que sean o nos parezcan) y no en una acumulación sin sentido de ropa de marca, lugares visitados y cursos asistidos. ¡Tened cuidado! las formas, a veces, pueden parecer llenas de fondo, pero es fácil descubrirlas, solo hay que hurgar debajo de los sedosos paños con los que se recubren y se encontrará la verdad: que no hay fondo y por tanto no hay nada.
Otro día hablaré de la causa de la creación de formas sin fondo: la velocidad.
Brausencito, tras un tiempo ausente, ha decidido volver con sus recomendaciones musicales, debido al ingente número de cartas recibidas de todos los rincones del mundo. Todas eran un clamor: ansiaban nuevos caminos a recorrer guiados por la firme mano del maestro. Magnánimo como es él, no se hace de rogar; canción Yes; artista: Aereogramme.
domingo, 7 de septiembre de 2008
Intrincados pasillos
Intrincados pasillos, largas esperas, ruidos extraños, miradas perdidas, manos encontradas, aparatos mágicos, cientos de voces, carteles indicativos, normas severas, esperanza latente y miedo a quintales.
Un hospital es un lugar al que nadie quiere ir, siempre vamos forzados por nuestro cuerpo rebelde que se niega a funcionar correctamente y allí tratamos de convencerle, por las buenas o por las malas, a firmar el armisticio y deponer su lamentable comportamiento. A veces se consigue y otras no, nadie es tan sutil para conseguir vencer a alguien, por muy bueno que sea, en el cien por cien de las ocasiones.
Lo que hay detrás de esas largas esperas, normas severas e intrincados pasillos es vida en estado puro, arrancados los velos que creamos en nuestra vida cotidiana, se escucha solo el latir del corazón recién nacido y la respiración agonizante del moribundo.
Todo es tan bello y real, es todo una explosión de vida (muerte y vida dos caras de la misma moneda), sinceridad y amor: la mano nudosa de un anciano que busca la de su hijo para tener el valor suficiente e inspirar una vez más, mientras dos pasillo más allá una madre agarra la manita de su bebé que no es capaz de ni abrir los ojos. El instante cobra su verdadero valor, un segundo importa, una sonrisa muestra todo lo que es capaz -cuantas desperdiciamos a lo largo del día- y las lágrimas de alegría se mezclan con las de pena en el suelo de la misma sala de espera.
Al construir estas moles de cemento deberían tener en cuenta una cosa: colocar el nido en una zona de paso, preferiblemente de obligatorio transito en la entrada y salida del hospital, rodeada de cristales para que todos entrásemos o saliésemos de allí con una sonrisa reparadora en los labios.
Un hospital es un lugar al que nadie quiere ir, siempre vamos forzados por nuestro cuerpo rebelde que se niega a funcionar correctamente y allí tratamos de convencerle, por las buenas o por las malas, a firmar el armisticio y deponer su lamentable comportamiento. A veces se consigue y otras no, nadie es tan sutil para conseguir vencer a alguien, por muy bueno que sea, en el cien por cien de las ocasiones.
Lo que hay detrás de esas largas esperas, normas severas e intrincados pasillos es vida en estado puro, arrancados los velos que creamos en nuestra vida cotidiana, se escucha solo el latir del corazón recién nacido y la respiración agonizante del moribundo.
Todo es tan bello y real, es todo una explosión de vida (muerte y vida dos caras de la misma moneda), sinceridad y amor: la mano nudosa de un anciano que busca la de su hijo para tener el valor suficiente e inspirar una vez más, mientras dos pasillo más allá una madre agarra la manita de su bebé que no es capaz de ni abrir los ojos. El instante cobra su verdadero valor, un segundo importa, una sonrisa muestra todo lo que es capaz -cuantas desperdiciamos a lo largo del día- y las lágrimas de alegría se mezclan con las de pena en el suelo de la misma sala de espera.
Al construir estas moles de cemento deberían tener en cuenta una cosa: colocar el nido en una zona de paso, preferiblemente de obligatorio transito en la entrada y salida del hospital, rodeada de cristales para que todos entrásemos o saliésemos de allí con una sonrisa reparadora en los labios.
sábado, 23 de agosto de 2008
Pequeño
Una pared: cuatro manchas de humedad distintas divisadas.
Un rostro: doscientas cuarenta y tres tipo de sonrisas diferentes inventariadas.
Una sabana: mil doscientos siete pliegues producidos y contabilizados en la misma noche.
Un matiz, una diferencia leve que apenas se aprecia necesita de unos ojos hambrientos para existir, sin la necesaria voracidad la pequeña variación (indigna de llamarse cambio) se ahoga en el habitual mar de indiferencia en el que existimos. Son tantas cosas pequeñas las que dejamos morir sin valorar convenientemente; centrándonos siempre en la grandilocuencia de lo llamativo e inusual. En la mayoría de los casos no podemos decir que conocemos realmente lo que nos rodea, lo suponemos e intuimos pero mucho más levemente de lo que nos creemos.
Kant no salió de Köninsberg, a lo sumo se trasladó a ciento cincuenta kilómetros de su ciudad natal, quizás incapaz de asimilar el torrente de conocimiento que le proporcionaba el bosque por el cual acostumbraba a pasear todos los días, no se atrevió a lanzarse en busca de nuevas emociones o tuvo el suficiente valor para detenerse a mirar con ojos famélicos de detalles a su jugoso entorno.
Una luna llena: ochenta y tres nubes de todos los modelos pretenden ocultarla, fracasando siempre en sus intentonas.
Un árbol en otoño: cuatro hojas penden de sus ramas balanceadose inquietas por la crueldad del viento, desafortunadamente una fenece.
Un corazón humano: ochenta y dos latidos vibrantes, eléctricos y deseosos de no ser desaprovechados.
Un rostro: doscientas cuarenta y tres tipo de sonrisas diferentes inventariadas.
Una sabana: mil doscientos siete pliegues producidos y contabilizados en la misma noche.
Un matiz, una diferencia leve que apenas se aprecia necesita de unos ojos hambrientos para existir, sin la necesaria voracidad la pequeña variación (indigna de llamarse cambio) se ahoga en el habitual mar de indiferencia en el que existimos. Son tantas cosas pequeñas las que dejamos morir sin valorar convenientemente; centrándonos siempre en la grandilocuencia de lo llamativo e inusual. En la mayoría de los casos no podemos decir que conocemos realmente lo que nos rodea, lo suponemos e intuimos pero mucho más levemente de lo que nos creemos.
Kant no salió de Köninsberg, a lo sumo se trasladó a ciento cincuenta kilómetros de su ciudad natal, quizás incapaz de asimilar el torrente de conocimiento que le proporcionaba el bosque por el cual acostumbraba a pasear todos los días, no se atrevió a lanzarse en busca de nuevas emociones o tuvo el suficiente valor para detenerse a mirar con ojos famélicos de detalles a su jugoso entorno.
Una luna llena: ochenta y tres nubes de todos los modelos pretenden ocultarla, fracasando siempre en sus intentonas.
Un árbol en otoño: cuatro hojas penden de sus ramas balanceadose inquietas por la crueldad del viento, desafortunadamente una fenece.
Un corazón humano: ochenta y dos latidos vibrantes, eléctricos y deseosos de no ser desaprovechados.
lunes, 21 de julio de 2008
Comentario de texto
A partir del texto anterior (Una cita) exponga su opinión argumentada sobre la felicidad como un estado estático o dinámico (1,5 puntos)
Aquí el autor expone su pensamiento sobre lo que es la vida y como alcanzar la felicidad, siendo esta última un estado óptimo al que todos deseamos llegar.
Pero D'Ors nos deja clara una cosa en su texto que si alcanzamos tan deseado estadio este desaparece; como quien persigue su propia sombra cuando al fin la alcanza no puede abrazarla.
Nosotros somos seres dinámicos, nacemos, crecemos, nos desarrollamos y, indefectiblemente, morimos, por mucho que deseemos ser Peter Pan, éste acaba reventando más o menos dolorosamente, porque somos un rió que jamas podrá ser embalsado.
Heráclito ya dijo hace más de dos milenios aquello de: "En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]", esto tiene tantas implicaciones maravillosas como turbadoras, si conseguimos desterrar la idea de paraíso como lugar conquistable y del cual nunca nos podrán expropiar , por otro lado tan inculcada en nosotros desde nuestra infancia, abrimos la puerta a un mundo cambiante que se estrena cada día lleno de matices diferentes a nuestros también nuevos ojos.
D'Ors lo sabe y lo que es más importante; lo siente por eso practica lo que a él le hace feliz: escribir, persiguiendo así su felicidad, hincar otra bandera y cuando ésta este firmemente arraigada en el suelo, no abandonarse a la contemplación y vanagloria, sino arrancarla de cuajo y emprender el riesgo de volver a crear magia uniendo palabras desconocidas entre si hasta ese momento.
La tentación de la estancación en una vida irremediablemente dinámica es la condena de la gran mayoría de nosotros; viendo que ni el coche, ni la casa, ni la Play 3 nos dan la felicidad y que si alguna vez nos acercamos fue cuando corrimos detrás de ese coche, esa casa, esa Play 3.
Por eso quizás los genios nunca paren, sigan escribiendo, componiendo, pintando, inventando, comprando, alzando su bandera de un lugar a otro, persiguiendo la felicidad y así siendo felices.
Evalúen el intento del alumno comentando el texto, por favor no sean muy duros con él, aún es un aprendiz.
Aquí el autor expone su pensamiento sobre lo que es la vida y como alcanzar la felicidad, siendo esta última un estado óptimo al que todos deseamos llegar.
Pero D'Ors nos deja clara una cosa en su texto que si alcanzamos tan deseado estadio este desaparece; como quien persigue su propia sombra cuando al fin la alcanza no puede abrazarla.
Nosotros somos seres dinámicos, nacemos, crecemos, nos desarrollamos y, indefectiblemente, morimos, por mucho que deseemos ser Peter Pan, éste acaba reventando más o menos dolorosamente, porque somos un rió que jamas podrá ser embalsado.
Heráclito ya dijo hace más de dos milenios aquello de: "En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]", esto tiene tantas implicaciones maravillosas como turbadoras, si conseguimos desterrar la idea de paraíso como lugar conquistable y del cual nunca nos podrán expropiar , por otro lado tan inculcada en nosotros desde nuestra infancia, abrimos la puerta a un mundo cambiante que se estrena cada día lleno de matices diferentes a nuestros también nuevos ojos.
D'Ors lo sabe y lo que es más importante; lo siente por eso practica lo que a él le hace feliz: escribir, persiguiendo así su felicidad, hincar otra bandera y cuando ésta este firmemente arraigada en el suelo, no abandonarse a la contemplación y vanagloria, sino arrancarla de cuajo y emprender el riesgo de volver a crear magia uniendo palabras desconocidas entre si hasta ese momento.
La tentación de la estancación en una vida irremediablemente dinámica es la condena de la gran mayoría de nosotros; viendo que ni el coche, ni la casa, ni la Play 3 nos dan la felicidad y que si alguna vez nos acercamos fue cuando corrimos detrás de ese coche, esa casa, esa Play 3.
Por eso quizás los genios nunca paren, sigan escribiendo, componiendo, pintando, inventando, comprando, alzando su bandera de un lugar a otro, persiguiendo la felicidad y así siendo felices.
Evalúen el intento del alumno comentando el texto, por favor no sean muy duros con él, aún es un aprendiz.
jueves, 17 de julio de 2008
Una Cita
Pablo D'Ors, Lecciones de ilusión, página 588:
"El hombre que es feliz siempre crea un espacio: una casa, un libro, un horizonte nuevo al que viajar y en donde hincar aunque sea metafóricamente un bandera. Pero ese mismo hombre feliz, con la bandera hincada y el libro escrito, ese hombre en casa se da cuenta de que por muy bien que ondee la bandera y por muy confortable que esté en su hogar, por justo y necesario que sea el libro que ha logardo escribir, ni la casa ni la bandera ni el libro le dan la felicidad. Que la felicidad está en viajar para hincar una bandera, en escribir para ofrecer un libro y en construir una casa para que otros la habiten mientras que él, ese hombre féliz, construye otras casas, hinca otras banderas y escribe otros libros que tratarán -es lo más probable- sobre cómo se fraguan las historias, se hincan las banderas o se construyen las casas. El hombre que es feliz crea espacios para la felicidad; pero ninguno de esos espacios es la felicidad."
"El hombre que es feliz siempre crea un espacio: una casa, un libro, un horizonte nuevo al que viajar y en donde hincar aunque sea metafóricamente un bandera. Pero ese mismo hombre feliz, con la bandera hincada y el libro escrito, ese hombre en casa se da cuenta de que por muy bien que ondee la bandera y por muy confortable que esté en su hogar, por justo y necesario que sea el libro que ha logardo escribir, ni la casa ni la bandera ni el libro le dan la felicidad. Que la felicidad está en viajar para hincar una bandera, en escribir para ofrecer un libro y en construir una casa para que otros la habiten mientras que él, ese hombre féliz, construye otras casas, hinca otras banderas y escribe otros libros que tratarán -es lo más probable- sobre cómo se fraguan las historias, se hincan las banderas o se construyen las casas. El hombre que es feliz crea espacios para la felicidad; pero ninguno de esos espacios es la felicidad."
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