miércoles, 25 de junio de 2014

Brilla, mar del Edén - Andrés Ibáñez

Este libro es una metáfora enorme, desde su primera página hasta la última letra impresa de la hoja que cierra el volumen, de algo tan grande y tan difícil de describir como es la vida. Aprovechando el argumento de Lost, náufragos perdidos en una isla imposible de localizar, Andrés Ibáñez escribe su Brilla, mar del Edén.

Un trozo de tierra rodeado de mar es la maqueta de la tierra, un pedazo de piedra rodeado de nada, y en ese lugar perdido cada superviviente se encuentra con su vida, con trozos del pasado que parecían olvidados y han viajado anclados al fuselaje del avión para sorprender con su presencia, nuevas oportunidades que nacen de entre la densa vegetación, platillos volantes que son buscados y añorados por quien nos lo ve. Una amalgama de sucesos que impactan al grupo mientras tratan de sobrevivir en un lugar adverso y duro, se crea una sociedad con sus reglas y líderes, personas que se aprovechan de otras, idealistas que viven en su nube y conservadores que se escandalizan ante la presencia de un cuerpo desnudo.
Pero la novela de Ibáñez tiene ese toque de ciencia ficción que hemos visto En el mundo en la edad de Varick y en Memorias de un hombre de madera (dos de sus obras anteriores), aparece una misteriosa organización llamada SIAR que parece controlar toda la isla como si fuese un gigantesco experimento  psicológico, un gigante azul (el Doctor Manhatan) va lanzando rayos sanadores/mortíferos a los pobres desdichados/afortunados que se encuentra y una pradera de la infancia de Juan Barbarin, un gato sensual y el protagonista del libro, que significa la felicidad y buscan con ansia los seguidores de Pohjola y Llewelyn. Con estos matices las posibles interpretaciones se multiplican por varios millares.

Entre tanto se cruzan las historias personales de Wade, maravillosa concepción del creador de ideas que se las cede a los escritores, Roberto B y Xóchitl donde el estilo de Ibáñez homenajea al gran escritor chileno, incrustado en la trama del libro como un personaje más y la terrorífica historia de Noboru  dentro de Aum.

Pero es de la mano de Juan Barbarin donde se va ascendiendo por el entramado creado por Ibáñez, esa ascensión, literal en su caso, por varios estadios de la vida del hombre, siempre buscando su pradera y escalando hacia el volcán, aprendiendo: "Somos dueños de lo que tenemos y también de los huecos que hay entre las cosas que tenemos. Pero los huecos, el silencio, son lo más importante. En la respiración, el momento más importante es el que sigue a la exhalación. Durante un instante, la respiración se detiene y, por espacio de apenas de un segundo, vivimos sin necesidad de respirar. Durante ese instante somos inmortales. Durante ese instante no somos animales, estamos libres de los ciclos de la naturaleza. También la mente se detiene durante ese instante, y de pronto podemos ver. La claridad desciende sobre nosotros. La consciencia se hace ilimitada. Luego el mecanismo, el cuerpo, comienza a respirar de nuevo".

Quizás realmente todo lo anterior sea un simple truco para enmascarar el verdadero motivo de la novela: el amor, un amor que rebasa a la vida, entero, volcánico, luminiscente, grande como un planeta y tan ñoño como solo puede ser el de un tímido que finalmente destapa sus entrañas repletas de sentimientos, flores, mariposas y música (Bruckner en el caso de Juan Barbarin). Tan jodidamente ñoño y verdadero que no queda más remedio que rendirse a esas señales que aparecen en las sendas y dan sentido a unir las manos y sobre todo, los pasos; a esas luces que aparecen aunque sea en vidas anteriormente exprimidas: "Un gesto que siempre me conmueve y me intriga. Un sendero bajo los sauces. Una historia de amor en medio del mundo. En medio del ruido y del polvo del mundo"




miércoles, 11 de junio de 2014

¡Puta guerra! - Tardi y Verney


Las palabras pueden crear tantos efectos como personas las pronuncian o escriben, Verney trata de escoger las más gráficas para describir el horror que sufrió el combatiente francés en la Primera Guerra Mundial, pero como a veces, el lenguaje no es suficientemente contundente, necesita el acompañamiento de ciertas imágenes para dotarle de un desgarro como el que tienen los dibujos de Tardi, ambos talentos unidos crean: ¡Puta Guerra!, un magnífico resumen de los años que van de 1914 a 1919, donde los hechos son expresados con claridad contundente, sin gasas que vistan la miseria de heroicidad y la muerte de sacrificio.

Quizás ese es el grave peligro de las palabras, inflaman la voluntad del hombre con mucha eficiencia. En el mes de Agosto del catorce todo era patria, victoria, gloria, atacar y vencer. Los soldados acudían al frente creyendo que el enemigo estaba al otro lado de la frontera  y que en dos meses tras una batalla decisiva volverían triunfantes en sus uniformes de gala a recoger las flores que les lanzarían las mujeres anonadadas por su hombría y épico triunfo. 

¡Todo mentira! La realidad que se encontraron estaba compuesta de fango, sangre y metal, aderezada con miedo, heces y metralla, en muy poco tiempo se dieron cuenta que se encontraban atrapados entre la bayoneta enemiga y el sable amigo, dispuesto a atravesar sus entrañas, si el terror les congelaba la voluntad y eran incapaces de lanzarse a la carga con el espíritu que se presume a un buen soldado que sirve a la patria.

Los autores dejan claro que en la guerra no existe ni la gloria, ni el honor, que tan solo hay entrañas descomponiéndose entre alambradas y sangre salpicando las caras de todos los implicados, especialmente los que más alejados están del frente de batalla. Y esto tan simple y tan real es duro de aprender, al acabar la Primera Guerra Mundial, solo tuvieron que pasar dos décadas para volver a caer en ese agujero negro, ni siquiera muchas personas que vivieron la Gran Guerra aprendieron lo terrible que es, y volvieron a usar palabras como honor, victoria, imperio para camuflar al fantasma de la muerte en vida.

Magnífica obra




miércoles, 21 de mayo de 2014

Novela de ajedrez - Stefan Zweig

El ajedrez es un pequeño mundo bicolor donde podemos jugar a ser su Dios, marcando el destino de los peones, sacrificándolos en aras de un bien mayor, exponiéndoles a grandes riesgos para beneficio del resto, pero la clave del juego es que te enfrentas a otro Dios con el mismo objetivo que el tuyo; exterminar a tus tropas. 

Stefan Zweig hace de este deporte la clave de su novela, de hecho le otorga su nombre: Novela de ajedrez, escrita en 1941, este libro es hijo de su época, año en que el terror nazi imponía su ley por media Europa y la única alternativa a los ejércitos de Hitler (hasta que empezó la operación Barbarroja) era Inglaterra. Relata cómo un hombre, el señor B, para soportar la tortura a que le somete la Gestapo tiene que escapar de si mismo cayendo en la locura para sobrevivir, la llave de su demencia y la palanca para su supervivencia es el ajedrez: se divide en dos para jugar partida mentales contra su otra mitad, agarrado a ese saliente conseguirá no caer en el precipicio de la muerte.

La breve novela es una joya, ya que la descripción de la historia psicológica del señor B es magnífica, guiando al lector paso a paso en su proceso de salvación/locura. El campeón de ajedrez Czentovic también está perfectamente definido: un genio a la hora de mover las fichas y un tarado para las relaciones sociales.

Un libro de denuncia a los métodos de tortura nazi que nos deja una pregunta inquietante: ¿Es necesario caer en la locura para salvarse? ¿Es esta también la manera de sobrevivir en una vida corriente? ¿Perderse en alguna pasión para no caer en la desesperación?




miércoles, 7 de mayo de 2014

1914 - Margaret MacMillan

Los cambios suceden como los desbordamientos de los ríos, la lluvia incesante hace que suba el nivel de las aguas hasta que una última gota, desconocida, anónima e increíblemente semejante a las demás, hace que su pequeña aportación cuente más que las del resto, cuando su peso, su diámetro, forma, color y olor es casi idéntica a las de sus congéneres, pero debido a los azares del destino, ella y solamente ella han aportado el volumen de líquido justo para que el cauce que lleva las aguas por su camino, sin perturbar las riveras, no sea capaz de soportar más y la paz reinante se convierta en una guerra de lodo y fango.

Esto es lo que intenta hacer Margaret MacMillan en su 1914, tratar de separar en la lluvia de causas que provocaron la Gran Guerra, aquellas que sumaron muchos hectolitros de problemas y resquemores a los dirigentes de la época y aquellas que solo fueron un chirimiri que mojaba pero no calaba. Para tal tarea, la autora revisa una cantidad ingente de documentación y se remonta al optimismo reinante en Europa a principios del siglo XX. La fe en  el progreso científico, se puede creer hasta en no creer, hacía pensar que el mundo se dirigía a una época de paz y bienestar continua, cada año se patentaban nuevos aparatos que hacían palidecer a los anteriores. Desde 1871 no había guerras en Europa y la exposición universal de Paris de 1900 parecía un hogar lleno de concordia y armonía, pero el rio de la guerra ya llevaba agua, la rivalidad anglo alemana estaba latente, había tensiones para hacerse con los despojos del imperio Otomano y las colonias eran un foco de fricción, ya que todas las potencias querían "hacerse un hueco bajo el sol".

El agua no cesó de caer, la carrera armamentística, los nacionalismos y los honores de reyes y banderas, se precipitaban una y otra vez con fuerza sobre el rio de la guerra. Los hombres que podían crear diques para evitar el desbordamiento se vieron envueltos en una espiral de orgullo, pensando que esa sería la última vez que cederían y que a la próxima no les temblaría el pulso para desenvainar el sable y, en esa época, y lo más pavoroso de todo es que también en la nuestra, no había tantas personas capaces de construir muros para que el torrente de la guerra no se derramase. Las decisiones más importantes dependían del Zar, del Kaiser, del Emperador, e inmediatamente sus redes de alianzas multiplicarían esas medidas por mil y por todo el mundo.

La autora relata la anécdota de como el presidente Kennedy en 1962 en la crisis de los misiles de Cuba se resistió a hacer caso a sus generales belicosos ya que "había aprendido que los militares no siempre tienen razón; pero también acaba de leer Los cañones de Agosto, el extraordinario relato de Barbara Tuchman de como Europa cometió los errores garrafales que condujeron a la Gran Guerra". ¡Benditos los que aprenden algo sin haberlo tenido que sufrir primero en sus carnes!

La gota final fue el asesinato de Francisco Fernando en Sarajevo en el verano de 1914, pero ella sola no hubiese significado nada, ya que antes, las guerras balcánicas habían derramado su contenido en el rio, los generales, reyes y almirantes no cesaban de tirar garrafas al cauce y, una gran mayoría pensaban que una guerra externa haría acallar los problemas internos de sus países, llámense: lucha de clases, corrupción o falta de libertades, esto último significaban caudalosos afluentes llenos de óxido para el torrente de le guerra.

Magnífica obra, esperemos que nos sirva para aprender cómo se puede llegar de un mundo autocomplaciente a la barbarie en pocos pasos.



martes, 22 de abril de 2014

El perfumem del cardamomo - Andrés Ibáñez

Crear una colección de pequeñas joyas es una aspiración para cualquier coleccionista, reunir unos cuantos incunables, sellos codiciados y extraños vinilos, una brillante y cuidada serie de objetos relucientes para que puedan ser observados como en un museo, ésto es lo que consigue Andrés Ibáñez en El perfume del cardamomo, una suma de pequeños cuentos chinos, delicados como una de las flores que tanto le gustan al autor y preciados como lo que esconde una pinacoteca tras sus muros.

Estas historia, parábolas o cuentos están ambientados en China, sus nombres, paisajes y formas provienen del país de la gran Muralla, es como sumergirse en una pequeña introducción en la literatura de esa milenaria cultura, de hecho el propio Andrés Ibáñez recomienda unas cuantas obras para empezar a bucear en tan gigante océano. 

Hay varios de ellos de gran belleza pero yo destacaría aquellos en que el protagonista es el mensaje, como por ejemplo El alquimista negro y su perro, donde un animal dotado con el don del habla nos hace preguntas que nosotros nos deberíamos habernos hecho ya antes pero hemos pasado por alto. 

Quizás uno de mis favoritos es el Color Imposible, donde se habla del azul, "el color de todas las cosas imposibles y lejanas". "Nadie ha visto nunca el amor ni la nostalgia. Si tienen algún color, ha de ser el azul sin duda".

Cuanto más corto es el cuento, más original, sensual y luminoso se vuelve, un maravilloso ejercicio de concentración y originalidad que consigue el doble objetivo de despertar nuestro interés por una literatura muy poca conocida en España y admirar el talento creativo de Andrés Ibañez. Como muestra un botón os copio el relatito títulado: Nieves y Amapolas

"El camino que lleva a la montaña del oeste está salpicado de amapolas. Mi corazón se siente alegre cuando contempla estas flores felices, que danzan en la brisa como si estuvieran proclamando una victoria. Nada hay comparable en el mundo a ese color rojo salvo, tal vez, los recuerdos de una casa en medio de la nieve, en el norte donde vive alguien que nunca olvidaré. Y en mi memoria, y en mi amor, la nieve del norte se torna de pronto tan roja como las corolas de estas amapolas, que no me conocen, y que no saben quién soy"


lunes, 14 de abril de 2014

Cuando yo tenía cinco años, me maté - Howard Buten

La vida se puede complicar nada más comenzar, por las circunstancias que te rodeen o, lo que ya es más raro, por los hechos causados por el propio niño. Howard Buten cuenta una historia basada en esta segunda circunstancia. Burt es protagonista de una escena que puede cambiar su vida entera.

Tal hecho se nos desvelará al final de la novela, mientras Burt se encontrará recluido en un Centro de Internamiento Infantil, y allí el doctor Nevele tratará de entender las causas de su comportamiento, por la vía clásica en la psiquiatría, y también conocerá  a Rudyard que buscará el ganarse la confianza de Burton con comportamientos similares a los del niño.

Howard Buten es especialista en el tratamiento de niños con problemas y esto se ve claramente en el libro, como es capaz de meterse en la cabeza de Burton y explicar los razonamientos que hace, incoherentes desde el punto de vista de la lógica de un adulto pero despiadadamente coherentes bajo la óptica de una personita de cinco años, cuando tienes esa edad la vida imaginaria y real muchas veces se mezclan en uno denso y compacto por el cual se mueve el niño como pez en el agua pero es totalmente incomprensible para sus padres. ¿Quién no ha tenido un miedo irracional de niño? Por ejemplo, miedo a que saliese un monstruo de la taza del váter, cuando pensabas que algo se movía en el baño, eso te podía inducir a un lloro desconsolado, tan terrible como extraño para el resto.

Un libro que nos hace reflexionar sobre las cabezas de lo más pequeños y cómo funcionan diferentes a las nuestras, lección que se puede aplicar en general al género humano.